Por Vannessa Rosas,
jefa regional en La Araucanía
de Fundación Las Rosas
La tragedia en la residencia de Pitrufquén nos llama a movilizarnos con sentido de urgencia y unidad en torno a una tarea prioritaria: proteger la vida y el bienestar de nuestras personas mayores en La Araucanía. Este hecho nos invita a mirar hacia adelante con determinación, reconociendo que la vejez es una etapa que debe ser abordada con el máximo respeto, seguridad y profesionalismo por parte de toda la comunidad.
Frente a la acelerada transición demográfica de nuestra región, surge la oportunidad histórica de consolidar un ecosistema de cuidados formales, seguros y con altos estándares de excelencia. El cuidado de la vejez, en especial de aquella en situación de dependencia o vulnerabilidad social, exige un compromiso con la calidad, la seguridad y una profunda ética humana.
En Fundación Las Rosas observamos esta realidad regional con profunda empatía y responsabilidad. Contamos con una vasta trayectoria en el desarrollo de un modelo de atención integral que aborda la salud, la afectividad y la dignidad hacia las personas mayores, y es precisamente este conocimiento técnico y humano el que queremos poner plenamente a disposición de La Araucanía, para contribuir activamente a responder a una demanda social que no admite más esperas.
Transformar esta realidad requiere articular esfuerzos entre el sector privado, la sociedad civil y las instituciones públicas. Y para consolidar este anhelo e iniciar un trabajo concreto que impacte la vida de las personas mayores de la zona, resulta vital generar alianzas estratégicas con los actores regionales.
Actualmente estamos abordando junto al Gobierno Regional la oportunidad de liderar esta transformación. Ya contamos con la edificación del ex monasterio de las Carmelitas de Labranza, y esperamos unir las voluntades con el respaldo técnico e institucional, que permitan establecer ahí un estándar de excelencia en la atención gerontológica en Temuco para que pase a ser nuestra primera residencia para personas mayores en la región.
La memoria de lo sucedido en Pitrufquén debe impulsar una agenda de futuro donde el cuidado digno no sea un privilegio, sino una certeza garantizada por toda la comunidad regional.
